Lo que el colecho significa para mí, para nosotros

“Duerme ya, comprobarás
que esta noche te he cuidado
y ahí me has encontrado al despertar. 
(María Rozalén)

¿Cómo llegamos a colechar? Bueno,  prácticamente sin darnos cuenta,  fue por la necesidad de tener a Caetano cerca y que él pueda dormir tranquilo. Nuestros intentos por hacerlo dormir y colocarlo en el moisés que nos prestaron, fueron en vano (nunca compramos una cuna), él no deseaba estar allí,  quería sentirnos, quería a mamá cerca, quería sentirse protegido, fue su instinto, fueron sus maneras de manifestarnos que lo que necesitaba era estar con nosotros, así comprendimos que sólo de esa forma, todo fluiría de la mejor manera, comprendimos que nos necesitaba para empezar a conocer el mundo (nuevo y extraño para él) en el que ahora se encontraba.  Desde ese momento empezó la historia de nuestra cama familiar, y aunque ahora Caetano duerme la mayor parte de veces en su propia cama,  todavía en ocasiones se queda dormido en la nuestra junto con sus hermanos,  cómo por ejemplo hoy que llegué un poco más tarde del trabajo y he encontrado a mis  cuatro amores juntos,  los pequeños ya estaban durmiendo y Dessi descansaba.

El colecho para mí significa el seguir pasando tiempo con mi familia,  es más que compartir la cama con ellos, es sentirlos,  es disfrutarlos y contemplarlos mientras duermen,  es saber que ellos descansan relajados, tranquilos y esa tranquilidad nos la transmiten,  por eso cuando duermo junto a ellos mi sueño es tranquilo (con manotazos y pataditas extra a veces),  tengo un sueño feliz porque duermo acompañado, lo último que contemplo son ellos y lo primero también.  Mañanas como las nuestras no las cambio, son los minidespertadores, pero sus sonrisas son la mejor forma de empezar el día, tanto así que muchas veces lo único que deseo es seguir durmiendo junto a ellos y si al final del día, llego tarde y los encuentro dormidos ya, lo único que quiero hacer es acurrucarme junto a ellos, olerlos, abrazarlos y darles besos (aunque a veces a Dessi le moleste porque los despierto jeje).

dormidos

¿Qué significa el colecho para nosotros?  Significa más momentos para compartir,  para estar juntos, significa dormir arropados sintiendo el mismo amor, arrullados por las últimas conversaciones del día, envueltos en la complicidad de compartir los mismos sueños, la misma vida. Significa terminar el día a veces con el ritual de la guerra de almohadas, la disputa por el “lugar de la cama elegido”, las interminables preguntas, los cuentos infinitos e increíbles para finalmente dormir entre besos, caricias, abrazos y muchos “te amo!” “yo también te amo mucho” y despertarse (al borde de la cama, al centro, a los pies o a un lado) de la misma manera: entre besos, caricias, abrazos y muchos “te amo!” “yo también te amo mucho”.

#PapáOmar

colechooo

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Para nosotros… Para la pareja que somos.

“(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta)”

Ángel González

Venía pensando en este post desde hace algunos días, venía pensando en cómo y cuánto es que hemos cambiado Omar y yo como pareja. Vaya que sí hemos cambiado! Somos una familia! Somos padres! Los días después de fiestas nos han servido a  ambos para pensar, detenernos un rato a mirar a nuestro alrededor, mirarnos a los ojos y conversar sobre nosotros porque necesitábamos rescatar algunas cosas y contarnos otras.

Cierto es que necesitábamos desnudarnos un poco, enfocarnos en nosotros, en Omar y Dessiree, porque últimamente éramos presa fácil del cansancio, la rutina, el estrés… Ni bien los niños dormían, o caíamos rendidos o empezábamos cada uno a continuar con nuestros trabajos aprovechando las horas de la madrugada. Quedaba en realidad poco tiempo para compartir, para conversar, para acurrucarnos un momento a solas o cuando ya lo estábamos teníamos que desprendernos el uno del otro porque alguno de los niños despertaba e íbamos a atenderlo.

Las cosas que rescatamos de nuestra conversación fueron valiosas, pusimos más en claro que el amor que nos tenemos es fuerte, que juntos hemos dado un gran cambio, un paso inmenso e importante, que si bien no nos dio tiempo de decidirlo con un poco más de calma: el día que nos enteramos que nos convertiríamos en padres, fue el momento en el que más felicidad y a la vez temor sentimos; es más, creo que nuestras familias sintieron lo mismo. Pero esa felicidad y ese amor nos ha guiado hasta donde estamos, nos mantiene firmes, seguros y fuertes para poder hacer frente a la ola de cosas y momentos desconocidos que nos tocarán vivir.

omar y yo

 

Venimos creciendo juntos, ambos somos conscientes del gran cambio que hemos dado y ambos estamos felices por seguir recorriendo el camino juntos. Se trata de crecer, de aceptar el cambio y tener bien puestos los pies en el nuevo sendero. No es estar a la expectativa de lo que puede pasar; sino, de estar preparado o dispuesto a afrontar cada  nueva situación, de saber que no estás solo remando en un mar desconocido. Se trata de tener la certeza de que a pesar de tener días cargados, cansados, estresantes (y con discusiones extra), sabes que tienes y tendrás a tu lado con quien hacer frente y solucionar todo, no tendrás miedo de entregarte, de dar la mano, de creer, de descubrir y de querer vivir.

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Con lo que hemos conversado, hemos reafirmado aún más nuestras decisiones, no vamos a decir que mágicamente las discusiones, las pequeñas luchas desaparecerán, porque eso también es parte de nuestra aventura y aprendizaje. Hemos aceptado el cambio y nos seguimos entregando el uno al otro para crecer juntos, para crecer junto a nuestros pequeños, para disfrutar de la familia que ahora somos. Porque no nos hemos perdido: nos encontramos, nos amamos, disfrutamos, seguimos, vivimos.

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Nuestras luces!

 

Lo que no me contaron sobre criar en brazos (por papá Omar)

Ahora que ya son tres los pequeños que llenan de más vida nuestro hogar, siento que el tiempo me queda muy corto de lunes a viernes para poder estar con ellos todo lo que quisiera, para tirarme al piso y jugar con Caetano y Murilo, para tener a Amara entre mis brazos; sin embargo, a pesar de todo, disfrutamos ese par de horas desde que yo llego del trabajo hasta que se quedan dormidos.

Aún recuerdo que al principio, con Caetano, mucha gente nos decía que no lo cargáramos todo el tiempo porque sino se acostumbraría “a eso”, que ya no podríamos hacer nuestras cosas o que sería difícil hacerlo dormir en la cama, etc, etc. Pero era inevitable no cargarlo porque estábamos enamorados de ese pequeñito, porque no queríamos dejarlo llorar, porque sentíamos que era necesario tenerlo con nosotros bajo nuestra protección, bajo nuestro calor.

A mí no me dijeron que al tener a mis pequeños entre mis brazos iba a hacer que me enamorara aún más de ellos, no me dijeron que me sentiría embriagado por ese olorcito tan rico, que podríamos intercambiar miradas y sonrisas infinitas. No me contaron qué se siente ver sus caritas de emoción cuando abro la puerta al llegar a casa y lo primero que hacen es lanzarse hacia mí con los brazos extendidos y yo los tomo en mis brazos para abrazarlos y besarlos. Los brazos de papá no son sólo para cargarlos cuando ellos están cansados, los brazos de papá también transmiten seguridad, paz, el pecho de papá también transmite calor, contacto, protección…

papa en brazos
Cargando a mis chiquitos
omar y murilo
Cargando a Murilo

No me dijeron que por cargar tanto a mis pequeños iba a estar criándolos seguros, sintiéndose amados, protegidos, con la convicción de que siempre estaremos para ellos, cuidándolos, escuchándolos. Que ellos iban a ser unos pequeños amorosos, llenos de vida, que saben que pueden acudir a nosotros cada vez que lo necesiten. No me dijeron que ellos se iban a “malacostumbrar” tanto a mí, a mis brazos, no me dijeron que yo podía también hacerlos sentir las personitas más grandes del mundo, capaces de llegar al cielo, de alcanzar el sol, la luna y las estrellas, capaces de mirar hacia arriba, contemplar el cielo y dar rienda suelta a los sueños.

Porque no los llevarás en brazos toda la vida, ellos no se quedarán pequeños todo el tiempo, no siempre te pedirán que los cargues y que los hagas bailar, no siempre te pedirán que los cargues y les cuentes historias o les muestres todo lo que hay alrededor, no siempre correrán hacia ti para pedirte que los cargues y los eleves al infinito… No siempre podrás tomarlos, contemplarlos, mirarlos a los ojos y ver reflejados en los suyos todo el amor que somos capaces de darles.

amara y omar
Con mi Amara

No me dijeron que yo también viviría mi paternidad a plenitud, que me “malacostumbraría” a llevarlos en brazos, a ayudar a disminuir su llanto, a ayudarlos a entender y manejar sus frustraciones, a protegerlos y disipar los miedos. No me dijeron que encontrarían calma en mi pecho, que dormirían tan plácidamente sin que nada fuera capaz de interrumpir su sueño. No me dijeron que yo también me sentiría seguro y recompensado por verlos crecer en amor… No me dijeron  lo feliz que me sentiría por llenar de más vida nuestras vidas.

omar, caetano y murilo
Con mis chicos

Nos hemos vuelto a enamorar: la llegada de Amara

“Ya está el rompecabezas amarrado
fue la pieza que andábamos buscando. 
No viniste del frío ni la lluvia
Llegaste del amor y de la luna…”

(“Niña de agua” – Víctor Manuel San José)

Nuestra pequeña Amara está por cumplir dos semanas y estos días han sido en ocasiones intensos, sobre todo porque el permiso de paternidad de Omar terminó (aquí en Perú la licencia por paternidad es de cuatro días) y desde el lunes yo me quedé en casa con nuestros tres hijos. Termino el día cansada y sin hacer todas las cosas que realmente quisiera hacer, a mis días les faltan horas y suena un poco irónico decir esto puesto que si acabo cansada, entonces lo que más desearía hacer sería descansar.

Cuando Amara nació sentí que mi corazón, mi cuerpo y mi alma se estaban preparando para una experiencia diferente, estaba esperando con ansias esta cuarta entrega de mi cuerpo, este cuarto brotecito que era esperado con ansias por todos. Sentí como mi vientre estaba agradecido por ese maravilloso regalo, luego de haber atesorado por casi 41 semanas a nuestra niña, nos la entregó sana, segura y con la certeza de que seguiríamos atesorándola y cuidándola siempre. En ese momento recordé lo maravilloso que es sentir como es que nuestros bebés encajan perfecto en nuestros brazos, en nuestro pecho, que la naturaleza y nuestro instinto son sabios y poderosos porque siempre están allí guiándote con amor y cuidado.

Amara, dos horas de nacida
Amara, dos horas de nacida

Había olvidado también, esas primeras horas de reconocimiento entre madre e hij@, de apego, de teta, de piel, de conexión que son tan necesarias y que ambos necesitan tanto fortalecer para poder establecer el inicio de  ese vínculo hermoso fuera del vientre materno. Esas horas, esos primeros días fueron mágicos, me permitieron reafirmarme en mi estado mamífero, saberme capaz de poder dar alimento, seguridad, protección a mi cría, de saberme que ahora yo era el mundo que ella necesita habitar, que mi cuerpo se prepararía y se encargaría de proporcionarle todo lo necesario para crecer sintiéndose segura, amada, completa, protegida. Todas esas sensaciones te invaden y hasta a veces te sobrepasan tanto que puedes creer fácilmente que puedes no estar preparada para criar a tu pequeñ@, y es que son tantas las emociones y tantas las expectativas que puedes tener al respecto que no importa si eres mamá por primera vez, por segunda, tercera o cuarta vez. Con cada nacimiento, tú vuelves a nacer, tú vuelves a reinventarte y a construir.

Amara descansando en mi pecho
Amara descansando en mi pecho

Y es que creo que de eso se tratan los nacimientos, son motivos para construir, son celebraciones de vida, de esperanza, son demostraciones de amor, de unión… La vida me ha permitido convertirme en madre nuevamente y realmente confieso que es una de las experiencias más maravillosas que disfruto vivir, no cambio por nada mis elecciones, mis vivencias, mis aprendizajes, mis tropiezos, mis fines de semana, las “malas noches”. Amara llegó para continuar con nuestros sueños, para demostrarnos que existen razones para seguir mirando hacia la vida, para continuar caminando hacia ella con esperanza y amor. Llegó la pequeña a completar nuestra familia, a demostrarnos que somos capaces de amar con intensidad a nuestros hijos, que podemos volver a enamorarnos y reafirmarnos una vez más en nuestras elecciones.

Pura luz!
Pura luz!

Nos hemos vuelto a enamorar… De la vida, de los colores, del camino, de nosotros, de los sueños, de nuestra maternidad y paternidad…