Alimentación complementaria, el terror de los padres cuando su niño no les come

Este es un tema que preocupa a mamás y a papás, aunque quizá sean más las madres quienes se agobian aún sin haber empezado, muchas se preguntan cuál es la edad ideal para la introducción de nuevos alimentos porque todavía hay un desacuerdo entre lo que indican los pediatras y lo que tú como mamá crees. Yo me incliné por las iniciar la AC (alimentación complementaria) pasados los 6 meses, y además que la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, o sea que hasta ese tiempo no debería haber introducción de otro tipo de alimentos, sólo leche materna. Con Caetano, empecé la AC a los 6 meses y medio, la verdad en mi cabeza tenía que debía darle papillas porque era lo que todos me decían, incluso el médico hablaba de papillas y me dio una lista de con qué alimentos empezar, cuántas cucharas mínimo debía de comer y con cuánta frecuencia al día debía de ofrecerle los alimentos. Recuerdo que lo primero que le preparamos fue un puré de papa y zanahorias, Caetano lo odió, hacía arcadas y ya se imaginarán que Omar y yo tratábamos de que se comiera aunque sea 3 cucharadas. La primera papilla fue un fracaso, no me sentí desanimada pero si esperaba que el “comiera” lo que le habíamos preparado. Luego empecé a prepararle otros menjunjes: papa, espinaca y zapallo, brócoli con zanahoria, una sopita de sémola con higaditos de pollo y Caetano no se acababa el plato entero, a diferencia de mi sobrino que se acababa todo el plato y a mí me parecía increíble que se comiera todo.

Caetano y su primera papilla, la expresión lo dice todo.
Caetano y su primera papilla, la expresión lo dice todo.

Hasta el año Caetano no era fan de las papillas y fue ahí que empecé a preocuparme porque según lo que me decía el médico el debía de comer 5 veces al día y mayores cantidades de cucharadas de las que lograba aceptarme. Creía que no se estaba alimentando, seguíamos con lactancia materna pero yo quería verlo comer como los otros niños, ese fue uno de mis errores: compararlo con otros, hacer que mi medida sea la cantidad de comida (y la frecuencia) que comían los otros pequeños de su edad. Torturé a Caetano a la hora de las comidas con avioncitos, canciones y toda una suerte de “distracciones” para lograr que abriera la boca y reciba lo que le había preparado. Ahora bien, yo era una mamá primeriza, preocupada y que hacía caso en gran parte de las recomendaciones de los demás y fue esa preocupación la que me llevó a buscar si es que existían otras mamás con el mismo terror que el mío: que su niño no comiera. En esa búsqueda me topé con un grupo y en el grupo, encontré a muchas mamás con la misma preocupación (y a día de hoy las sigo encontrando) pidiendo ayuda o consejo sobre qué hacer para que su hijo coma  o qué hacer ya que no come y sólo quiere estar prendido de la teta. En ese grupo encontré entre los archivos, un libro, era el “Mi niño no me come” del pediatra Carlos González y sin dudarlo, lo empecé a leer. Menciona casos típicos de mamás que se angustian porque el pequeño no come o come muy poco (casi nada), yo era una de esas mamás, me angustiaba y aterraba pensar que debido a eso pudiera enfermarse, perder peso y por qué me sentía así? Empezando a leer el libro encontré la respuesta: “Usted está preocupada porque su hijo no come,  angustiada porque teme que enferme, abrumada por familiares y amigos que la miran fijamente y afirman: «este niño tendría que comer más», como acusándola de ser una dejada” (Carlos González, “Mi niño no me come”).

Encontré también la explicación a por qué muchos de nosotros nos quejamos tal vez por qué nuestros niños se rehúsan a comer verduras y la explicación para mí fue clara, resulta que un niño pequeño necesita una comida concentrada con muchas calorías pero en cantidad pequeña debido a que su estómago es aún pequeño, y el “problema” de las verduras es que tienen baja concentración calórica y para que el pequeño absorba las necesarias tendría que comer una cantidad regular, más de lo que su estómago está preparado para recibir, por eso nos frustramos cuando no quieren aceptarnos más de dos cucharadas y queremos que coman más, muchas veces llevadas por lo que nuestro pediatra recomienda o simplemente por las opiniones de nuestro entorno. En mi caso, no acaba de comprender que al cumplir el año, mucho niños dejan de comer y ya no aumentan tan rápido de peso como antes, esto es porque el primer año de vida representa la época en la que el ser humano crece y aumenta más rápido de peso, más que en cualquier otra época.

Con Murilo, la cosa cambió, el tema de las papillas lo tenía claro: no iba a prepararlas y no iba a forzarlo. Me informé un poco sobre el BLW (Baby Lead Weaning), alimentación autorregulada, dirigida por el bebé, según el método introduces cómidas sólidas al bebé, básicamente lo que uno come pero obviamente adaptada al pequeño, esto es sin sal y sin azúcares. Para poder empezar el bebé tiene que ser capaz de poder sentarse erguido, sin apoyos y lo básico está en ofrecerle la comida en trozos que el pueda gestionar (lo más fácil al principio es presentarle los alimentos en tiras), no darle la comida a la boca; sino , dejar que sea él mismo quien los coja y sobretodo, no hay que forzarlos a comer. Comprendamos que esto también constituye un aprendizaje para ellos y lo que considero recomendable también es que la hora de comer del pequeño sea la misma que la de todos en casa, para que él pueda ver que toda la familia hace lo mismo: se sienta, come y disfruta. Si le das LME, continúa, él todavía necesita la leche materna.

Murilo, 7 meses y medio comiendo fideos resortitos.
Murilo, 7 meses y medio comiendo fideos resortitos.

Ahora bien, será perfectamente normal si el pequeño se atora, lo importante es mantener la calma, lo bueno de este método (BLW) es que el pequeño aprende a controlar la cantidad de comida que puede llevarse a la boca, recuerdo que al principio Murilo apenas podía hacer la “pinza” para coger los alimentos, por lo que se llevaba de uno en uno los trozos, en cuanto se volvió experto con la pinza de pronto quería meterse todo a la boca, al verlo con la boca llena no me desesperaba (al menos no lo hacía notar), le hablaba y le explicaba que tuviera cuidado, que era preferible poco a poco, hasta que ahora (salvo algunas veces) ya no tengo ese problema, creo que Murilo ya es perfectamente capaz de gestionar la cantidad de comida que se lleva a la boca, ahora tiene 1 año 2 meses, aún no utiliza muy bien los cubiertos pero no me desespero. Una de las claves está también en tener paciencia y no retrodecer, si empezaste con el BLW, no le introduzcas papillas también en un afán de facilitarle que coma, puede ser que creas que al dejarlo manipular los alimentos y llevárselos a la boca la cantidad que coma no sea la suficiente, pero el bebé come lo que necesita.

También tendrás que prepararte para ver como gran parte de la comida se va al suelo, no te estreses pensando en lo que tendrás que limpiar después, disfruta ese momento con tu hijo, al principio será una fase de exploración de sabores y texturas, conforme el pequeño crezca  la comida en el suelo dejará de ser un “problema”. Yo empecé por ofrecerle brócoli, fideos tipo resorte, tiras de zanahoria sancochada (que no le gustaron), pollo, frutas como manzana, pera, plátano. De ese primer grupo de alimentos el que es un éxito y nunca tiene pierde es el brócoli, a mis dos hijos les encanta, ya conforme Murilo fue creciendo empecé por hacer su dieta más variada y alrededor de los 10 meses, ya Murilo comía lo mismo que nosotros porque nuestra dieta no incluye ni muchos condimentos ni mucha sal, tampoco frituras y si comemos pan, tratamos de que no sea de harina blanca, generalmente comemos uno de harina integral con semillas de ajonjolí y linaza. Siempre hay que estar atentos a cualquier alimento que pueda provocar alguna reacción alérgica e inmediatamente suspenderlo y sobretodo, no le den alimentos envasados, procuren que todo lo que le den sea lo más natural.

Murilo, disfrutando de unos fideos en salsa roja.
Murilo, disfrutando de unos fideos en salsa roja con algo de brócoli.

Si sientes que tú hijo no come lo necesario, trata de no angustiarte, ármate de un poco más de paciencia, no lo obligues  a comer y no lo compares con otros niños. Quizá puede ser que se aburrió de los mismos sabores y texturas o simplemente está pasando por un período de inapetencia, lo importante es seguir acompañándolo, no presionarlo a que coma, menos sobornarlo u ofrecerle premios del tipo “si terminas te doy algo rico” (caray! Prácticamente le estás diciendo que lo que come no lo es, entonces cómo esperas que se lo coma?) o “tengo un premio si terminas”, tampoco utilices elementos distractores para que lo único que haga el pequeño sea abrir la boca y atacarlo con una cucharada de comida, esto es: no televisores prendidos, no cuentos, no juguetes y  tampoco el famoso “avioncito”, sigue alimentándolo con lactancia materna y también ofrécele agua. Actuemos sobre la base del respeto, no los subestimemos, ellos saben perfectamente lo que necesitan. Así que papá y mamá, mucho ánimo, paciencia y aprendizaje juntos.

Para terminar el post, los dejo con un pequeño párrafo del libro de Carlos González que a mí personalmente me hizo pensar en lo que hasta el momento venía haciendo con Caetano:

«¿Qué nos contarían nuestros hijos si pudieran hablar? Tal vez algo así: Desde que cumplí nueve meses empecé a notar a mis padres algo pesados con la comida. Hasta entonces, mis padres me daban de comer bastante bien; pero empezaron a querer darme otra cucharada cuando yo ya había acabado, y un día intentaron meterme una cosa gelatinosa y repugnante que llamaban «sesito» y decían que era de mucho alimento. Al principio eran hechos aislados, y no le di mucha importancia. A veces, para verles contentos, me comía la cucharada de más, aunque luego me encontraba pesado toda la tarde y tenía que tomar una cucharada menos por la noche. Ahora me arrepiento, y pienso si no debí ser más estricto desde el principio. ¿Será verdad eso que dicen de que, si cedes ante tus padres aunque sólo sea una vez, se malcrían y luego siempre están exigiendo? Yo siempre había pensado que educaría a mis padres con paciencia y diálogo, lejos de los autoritarismos del pasado… pero ahora, a la vista de lo sucedido, ya no sé qué pensar. El verdadero problema empezó hace un mes y medio, cuando yo tenía diez. De repente, empecé a encontrarme mal. Me dolía la cabeza, la espalda y la garganta. Lo de la cabeza era lo peor, cualquier ruido resonaba y me recorría el cuerpo de abajo arriba y de arriba abajo. Cuando la abuela me decía «Cuchi Cuchi» (ella me llama Cuchi Cuchi, y a mí, la verdad, casi me gusta más que Jonathan) sentía que mi cabeza iba a estallar. Y, para colmo, en vez de desahogarme llorando, como otras veces, mi propio llanto me resonaba en los oídos y cada vez estaba peor. Esa especie de plastilina amarillenta que a veces aparece en mi pañal (no sé de dónde saldrá, pero mamá nunca me deja jugar con ella) también cambió; olía mal y me escocía el culito. Alberto, un amigo del parque, que ya tiene trece meses, me dijo que eso era un virus y que no tiene importancia; pero mis padres no deben de entender tanto de eso como Alberto, porque parecían preocupados, como si no supieran qué hacer. Durante casi una semana, es que no podía ni tragar. Suerte del pecho, que siempre entra bien; pero lo que es las papillas, se me ponía como una cosa aquí en la garganta que acababa vomitando. Y lo extraño es que ni siquiera tenía hambre. Yo les decía a mis padres lo que pasaba, pero no entendían nada. A veces me desespero con ellos, y pienso que ya va siendo hora de que aprenda a hablar. Todo lo entendían al revés. Yo lloraba flojito y largo, diciendo «abrázame todo el rato» y ellos me dejaban en la cuna. Yo ponía cara de «hoy, la verdad, no me apetece nada» y ellos venga a darme más comida. Yo hacía muecas de «una cucharada más y vomito» y ellos se enfadaban y gritaban, y decían no sé qué de «marranadas». Por suerte, el dolor de cabeza y todo eso sólo duró unos días. Pero mis padres no han vuelto a ser los mismos. Siguen empeñados en darme comida que no quiero. Y no ya una cucharada más, como antes; ahora pretenden que coma el doble o el triple de lo normal. Se comportan de una manera muy rara; tan pronto están eufóricos y hacen el indio con la cuchara gritando «¡el avión, mira el avión, brrrrrruum!» como se ponen agresivos y me intentan abrir la boca a la fuerza, o les entra la depre y se ponen a gimotear. Pensé si no sería el virus, si no les estaría doliendo también la cabeza y la espalda. Sea lo que sea, el caso es que la hora de comer se ha convertido en un verdadero suplicio; sólo de pensarlo me entran ganas de vomitar, y se me quita la poca hambre que tengo…» (Tomado del libro “Mi niño no me come” – Carlos González).

Bibliografía usada y recomendada:

“Mi niño no me come” – Carlos González

http://www.unamaternidaddiferente.com/2010/10/guia-para-la-practica-de-la.html

http://www.unamaternidaddiferente.com/p/baby-led-weaning.html (en este enlace puedes encontrar otros enlaces más de interés sobre BLW)

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